por Eduardo Palomar Baró
El día 14 de abril de 1931, el optimismo y la esperanza inundaban a gran parte de España. La República nadie sabía cómo había venido, ya que los resultados de las elecciones arrojaron la cifra de 22.150 concejales monárquicos frente a 5.775 de los partidos adversarios a la Monarquía, coaligados. El domingo 5 de abril habían sido proclamados, en virtud del artículo 29, o sea, sin lucha, 14.018 monárquicos y 1.832 antimonárquicos.
Sin embargo, republicanos y socialistas, vencedores en la mayoría de las capitales, en una nota publicada al día siguiente atribuían a las elecciones «valor de plebiscito, desfavorable a la Monarquía y favorable a la República».
Para darnos una idea del ambiente reinante, el secretario del «Comité Central de la Juventud Comunista», Enrique Matorras, aseguró que en una junta celebrada el 10 de abril de 1931, con asistencia de dirigentes comunistas y de dos delegados de la III Internacional se acordó plantear la huelga general, el asalto a las armerías y la confraternización de soldados y obreros, de conformidad con consignas de Moscú. Y así, el diario comunista soviético «Pravda» publicó el día 16 de abril de 1931 las siguientes instrucciones de la III Internacional a la Sección Española:
1.ª) Las organizaciones deberán luchar por el derrocamiento de la Monarquía y establecer un Gobierno de obreros y campesinos.
2ª)Por la confiscación de los bienes de la Iglesia y por la denuncia al Concordato.
3ª) Deben ser confiscados también los bienes de los grandes propietarios de tierras y repartidas entre los labriegos.
4.ª) Pondrán término a todos los privilegios de la Iglesia Católica.
5ª) Pedirán la supresión de las congregaciones religiosas.
6.ª) Deben abandonar los métodos moderados y preparar la lucha organizada.
En el principio, la República fue recibida con enorme júbilo y muestras de gran entusiasmo y jolgorio popular.
Los cinco años que separaron las fechas del 14 de abril de 1931 al 18 de julio de 1936, fueron el campo de cultivo más idóneo para que la predicción de Antonio Machado se convirtiera en una desgarradora realidad:
«...Españolito que vienes al mundo, te guarde Dios.
Una de las dos Españas ha de helarte el corazón.»
La sesión parlamentaria del 16 de junio de 1936
El 16 de junio tiene lugar una de las sesiones parlamentarias más dramáticas de toda la historia de España. Gil Robles ha planteado ante la Cámara el debate sobre cuestiones de orden público. El Gobierno en pleno, con Casares Quiroga a la cabeza, ocupaba el banco azul. Leída la proposición, que firmaba en primer lugar el jefe de la CEDA, el presidente de la Cámara concede a éste la palabra.
Gil Robles: Encuentro justificado el planteamiento del tema a que se refiere la proposición no de ley que voy a defender. Ello no implica solamente el ejercicio de un derecho, sino que es, a juicio mío, el cumplimiento de un deber que estimo indeclinable. Por ello, en cumplimiento de este deber, con toda la serenidad que requiere el momento en que vivimos, voy a plantear ante la Cámara el tema del Orden Público. No os extrañe que a lo largo de mi discurso tenga que tener alusiones directas a la política que sigue el Gobierno presidido por el señor Casares Quiroga. Según se ha declarado reiteradamente, es el presente Gobierno que rige los destinos de España continuador material y moral del Gabinete que se formó después del triunfo de las izquierdas. Sigue este Gobierno su programa y sus orientaciones. Para hacer una crítica de la labor de un Gobierno en materia de orden público hace falta analizar su función en relación a las circunstancias en que se mueve, los medios con que cuenta y los resultados que obtiene. Yo diría que difícilmente se encuentra un Gobierno que haya contado con más medios que éste. Apenas instaurada la situación actual, el 16 de febrero, el Gobierno se halló en seguida frente a problemas de orden público originados por la dificultad de cumplir, con la premura que los sectores marxistas deseaban, algunos puntos del programa del Frente Popular.
Entonces al Gobierno no le quedó más recurso que acudir a la Diputación Permanente de las Cortes. Este organismo —hay que señalar esto— era de signo contrario a la presente situación, ya que procedía de las anteriores Cortes. Pero, a pesar de esto y aunque se hiciera con gran violencia, los diputados de derechas representados en la Diputación se avinieron a votar una serie de medidas haciéndose cargo de la gravedad del momento y aun a sabiendas de que en una situación contraria no habría habido reciprocidad. Cuando vosotros, acorralados por las consecuencias de vuestros errores, acusáis a las derechas de ser los provocadores de tan lamentables sucesos, recordad cuál fue la labor patriótica de elementos afines a nosotros y de nosotros mismos en la Diputación Permanente de las Cortes. Se reúnen las Cortes actuales y el Gobierno no encuentra en ellas trabas de ninguna clase, en primer lugar porque contaba con una mayoría que suple con la fuerza del número, la fuerza moral que perdió al arrebatarnos violentamente numerosas actas.
En segundo lugar, por un reglamento que hace imposible todo intento de obstrucción sistemática. En tercer lugar, os habéis encontrado con la actitud de estas oposiciones, pacientes oposiciones, que, convencidas de la necesidad de hacer una obra patriótica, quieren colaborar en ella con sana intención, sin pretender dar la réplica que quizá merecieran algunos de vuestros actos.
Por otra parte, además de los medios ordinarios que tiene a su disposición el Poder contaba con otros poderosos medios extraordinarios. Leyes de excepción, suspensión de las garantías constitucionales, con la prórroga reiterada del estado de alarma y hasta la fuerza moral que pro p o rciona el triunfo. ¿Hay algo más que apetezcáis en cuanto se refiere a medios morales, e incluso materiales, para desarrollar esa obra que habéis prometido? ¿Qué más podías desear para desenvolver vuestros postulados?
Hace pocas sesiones, con ocasión de ser solicitada de la Cámara la prórroga del estado de alarma, el señor Carrascal, en representación de esta minoría razonó la imposibilidad en que nos encontrábamos de conceder al Gobierno nuestros votos. En los regímenes liberales la suspensión de las garantías, es medio que tiene que justificarse por la equidad de su empleo y la eficacia de su aplicación.
Yo me pregunto si al cabo de cuatro meses de Gobierno del Frente Popular habéis cumplido con equidad y con eficacia.
Que conteste a ello el Gobierno, y habría entonces de declarar que se encarcela a los afiliados a Acción Popular, se les imponen gravosas multas y se les atropella de continuo. Los poderes excepcionales han sido en vuestras manos un instrumento de opresión, cuando no de venganza política, para aplastar al adversario ideológico, para destrozar a aquellos ciudadanos que no piensan ni pensarán como vosotros.
Hay un estado de subversión en virtud del cual el Gobierno emplea a las autoridades locales, que ejercen el Poder con arbitrariedad completa, para destrozar, políticamente, a vuestros enemigos. Tengo que decir que el Gobierno, en algunos casos, ha procedido a rectificar esos atropellos cometidos por las autoridades subalternas.
Esos poderes extraordinarios los estáis ejerciendo con ineficacia total y absoluta. No tengo más remedio que leer unos datos estadísticos, aunque sea muy difícil hacer un resumen completo de todo lo que ha ocurrido desde el 16 de febrero.
Diréis que se trata de aquel período de agitación a que se refería el señor Azaña poco después del 16 de febrero. Pero hay de todo y para todos. Vamos a ver ahora el desconcierto que hay en España desde que gobierna, o mejor dicho, desde que desgobierna el señor Casares Quiroga.
ESTADÍSTICAS DEL DESASTRE
Desde el 16 de febrero hasta el 15 de junio inclusive, un resumen numérico arroja los siguientes datos:
- Atentados contra iglesias: Iglesias totalmente destruidas,160; asaltos de templos, incendios sofocados, destrozos, intentos de asalto, etc., 251.
- Atentados personales: Muertos, 269; heridos de diferente gravedad, 1.287; agresiones personales frustradas o cuyas circunstancias no constan, 215.
- Atracos: Atracos consumados, 138; tentativas de atraco, 23. Centros particulares: Centros de Acción Católica,políticos, públicos o particulares destruidos, 69; ídem, ídem, asaltados,312.
- Conflictos sociales: Huelgas generales, 113; huelgas parciales, 228.
- Periódicos: Periódicos destruidos, 10; asaltos a periódicos, intentos y destrozos,33.
- Varios: Bombas estalladas y petardos,146; ídem, ídem, sin explotar halladas,78.
Seguidamente dio lectura a la relación desde el 14 de mayo de 1936 hasta el 15 de junio inclusive:
- Atentados contra iglesias: Iglesias totalmente destruidas,36, asaltos de templos, incendios sofocados, destrozos, intentos de asalto, etc., 34.
- Atentados: Muertos en atentados personales, 65; heridos de diferente gravedad, 230.
- Atracos: Atracos consumados, 24
- Centros particulares: Centros políticos, públicos, particulares destruidos, 9; asaltos, invasiones e inautaciones, 46.
- Conflictos sociales: Huelgas generales, 79; huelgas parciales, 92.
- Clausuras:Centros clausurados, 7.
- Varios: Bombas halladas y estalladas, petardos y líquidos inflamables, 47.
¿Será preciso mencionar otros hechos, recogiendo lo sucedido cada día en este pobre país?
Recojo al azar unos cuantos acaecidos, bochornosos, que ponen de manifiesto el desconcierto en que actualmente vive nuestro país.
Un día se trata del caso de unos ingenieros, varios de ellos extranjeros, que los obreros tienen secuestrados en una mina durante diecinueve días, sin que el Gobierno tenga fuerzas para liberarlos. Otro día, o mejor dicho todos los días, son las detenciones, los asaltos de los coches en las carreteras y unos individuos con brazaletes rojos exigen a los dueños de los vehículos un tributo para el Socorro Rojo Internacional.
¡Y no hay fuerza coercitiva, ni coactiva que impida estos bochornosos atentados a la integridad moral de nuestro pueblo!
Hay casos que hacen sublevar los espíritus mejor templados y oprimen el ánimo. Así el caso ocurrido en el Puerto de la Luz, en las islas Canarias, donde la Escuadra española no puede aprovisionarse. Si lo logra la Escuadra inglesa es, sin duda, por la fuerza de sus patrullas. Otro día es el caso sangriento que se ha dado en un pueblo de Córdoba, donde elementos societarios, con el alcalde a la cabeza... (se produce un gran escándalo).
El señor Jaén: ¡ Miente su señoría !
Los diputados de derechas contestan al señor Jaén con energía y éste, puesto en pie, sigue gritando ostentóreamente:«¡Mentira, mentira!»
Con este motivo se produce un incidente. El señor Jaén, así como otros diputados afectos a grupos del Frente Popular, ocupan la primera fila de escaños, donde se sientan los diputados de Acción Popular.
El Presidente les ruega que se alejen de los escaños cedistas y así lo hacen aquellos, en medio de un gran alboroto. El Presidente de la Cámara agita la campanilla y durante unos segundos también hace funcionar la sirena.
Gil Robles intenta reanudar su discurso, pero apenas ha pronunciado unas palabras, refiriéndose al mismo caso de Córdoba, de nuevo es interrumpido colectivamente con gran violencia.
Presidente de la Cámara: El Parlamento no es precisamente monólogo, sino diálogo entre los distintos grupos que lo integran. Habla ahora el señor Gil Robles y tiempo tendrá Su Señoría de contestarle. Si quieren evitar dentro de poco la amargura de verse interrumpidos por los amigos del señor Gil Robles ahora deben dejarle hablar con entera libertad.
Gil Robles continúa su discurso: Otro día es, decía antes, un caso producido en la provincia de Córdoba, en que unos elementos, turbas, con el alcalde a la cabeza, hacen entrar a un guardia civil en la Casa del Pueblo y con una navaja barbera...
( Surgen más protestas de algunos diputados de la mayoría que impiden oír el final del párrafo).
El señor Martínez Barrio reiteradamente reclama orden y, restablecido éste, ruega al jefe de la CEDA que continúe su discurso.
Gil Robles: He de agradecer, en primer lugar, las palabras del señor Presidente de la Cámara por haberme amparado en mi derecho.
Otro día —continúa diciendo— es la vergüenza que significa ver en barcos españoles a tripulaciones extranjeras, barcos que tienen que ser aislados de las autoridades extranjeras porque los marineros españoles contaminan a los extranjeros de un afán revolucionario.
Ministro de Estado: ¡Eso es inexacto! ¡Absolutamente inexacto!
Gil Robles: Tengo el convencimiento de que esto que afirmo es cierto. Ha sido un día en Génova, y en otra ocasión en Inglaterra.
Ministro de Estado: ¡ Inexacto!¡A todas luces inexacto!
Gil Robles: Han tenido que intervenir incluso los cónsules.
Ministro de Estado: Porque merece el aserto una rectificación, con permiso de la Cámara y del señor Gil Robles debo decir a S.S. que son ciertas las huelgas en los barcos a que ha aludido, pero no ha habido ningún caso de expulsión de ningún puerto. Creo conveniente advertir a S.S. que se busque mejores informadores, por lo menos más veraces.
Gil Robles: Yo mantengo esas informaciones de hechos, que constituyen ludibrio y vergüenza para nuestro país, y puesto que S.S. está decidido a que se haga claridad sobre estos hechos, no estaría de más que informara a la Cámara acerca de lo que recientemente ha ocurrido en Tánger.
Ministro de Estado: Yo estoy a disposición de la Cámara y de su señoría, pero le repito lo que antes le he dicho, pues lo que ahora hace su señoría es defender peligrosamente intereses opuestos a España. (Aplausos de la mayoría).
Gil Robles: Celebro que los nervios del señor ministro de Estado me den la oportunidad...
(se originan interrupciones colectivas por parte de los representantes del Frente Popular, con enérgicas contraprotestas de los diputados de la CEDA)
...bien se ve que el señor ministro ha tomado el pulso a la mayoría. Los aplausos enardecen... (más interrupciones de los diputados de la mayoría) ...esos nercios, decía que permiten recoger la afirmación del ministro de Estado de que yo iba contra los intereses de España. Como se va contra esos intereses es manteniendo el estado de anarquía en que vivimos, y el mejor servicio que yo puedo prestar a mi país es pronunciarme contra esa política de desprestigio y de ruina que estáis realizando. (Aplausos de las derechas.)
El Gobierno ya se ha definido en su actitud futura en cuanto al orden público. Esas medidas significan un fracaso, declarado paladinamente por el señor presidente del Consejo al manifestar que se proponía rectificar la política del Gobierno en cuanto al orden público. En la mayoría hay dos grupos republicanos que han conminado al Gobierno que apoyan a que acabe con el estado de anarquía imperante en nuestro país, y el Gobierno ha reconocido que esto es cierto.
¡He aquí el producto de una energía puramente verbal! Y he aquí lo curioso y hasta lo pedagógico: que de todo este estado de subversión y de anarquía las derechas son las que tienen la culpa. Tanto es así que será bueno que pongamos por ejemplo lo sucedido en Málaga bien recientemente entre elementos de la Confederación Nacional del Trabajo y los socialistas. (Grandes murmullos.)
Véase, si no, el número de «Solidaridad Obrera» de hace unos días, en el que se pedía a los camaradas que cesara el fuego. Siempre son las derechas, véase, si no, el caso del asesinato de los hermanos Badía y del señor Malumbres en Santander, crímenes que se achacaron a las derechas, sin perjuicio de que horas o días después se supiera la verdad.
Pero, señores de la mayoría, señores del Gobierno, ¡es que el fracaso sería el mismo aun cuando el desorden fuera producto de la provocación de las derechas! Es evidente que por parte de las derechas y de las izquierdas, de socialistas o de fascistas, en España existe una subversión jurídica, de orden público y en general de todo cuanto se refiere a los principios morales de nuestro país.
Este estado de subversión nace del propio Frente Popular, que lo lleva dentro. Mientras existan partidos como el comunista y el socialista... (algunas interrupciones impiden oír el final del párrafo) ...y no creáis que intento romper el Bloque (risas en la mayoría) ...y por si todo eso fuera poco, entre vosotros mismos reina la discordia (nuevas interrupciones).
Véase, si no, el caso de dos periódicos marxistas, cuyas polémicas constituyen el solar de media España. Nuestro interés es que el Frente Popular permanezca unido, porque su fracaso implica el fracaso de todos vosotros, y nuestro interés es que de ese fracaso estrepitoso no se libre ni uno solo de los partidos que integran ese bloque.
Hay en el Frente Popular unos partidos que saben perfectamente dónde van: van a cambiar el orden social existente y a instaurar la dictadura del proletariado. Para ello provocan y mantienen huelgas sistemáticas, que provocan el retraimiento del capital y la ruina de nuestra economía. Su deseo es matar la producción y mañana presentarse ante sus aláteres y decirles: Este es el producto de nuestro sistema.
Vosotros, los de Izquierda Republicana y Unión Republicana, sois los que no tenéis marcada ninguna directriz. Y algún día os veréis sumidos en franca minoría ante esos grupos proletarios que ahora son vuestros colaboradores.
¡Y no os atrevéis a decir aquí lo que proclamáis a voces en los pasillos, condenando esa política de perturbación social! Y esa es una realidad que incluso os obliga a pronunciar la palabra dictadura, que es una contradicción del régimen democrático y parlamentario. Habláis de plenos poderes, como si no fueran plenos poderes los que tenéis ahora.
¡Desengañáos! Un país puede vivir en régimen fascista o soviético, democrático o dictatorial; como no se vive es con la anarquía.
Y termino mi discurso pidiendo que atajéis, antes de que sea tarde, ese morbo marxista. Estamos presenciando los funerales de la democracia...
Hay un momento en que la democracia se convierte en demagogia; pero entonces surge el poder personal.
¡Vosotros estáis haciendo la condenación más firme de una política, de un régimen y de un Gobierno!.
(Aplausos de las derechas).
Epílogo
A los 32 días de esa tumultuosa sesión parlamentaria se iniciaba la Guerra Civil española. Tal como años después escribiría el mismo Gil Robles:
«No fue posible la paz.»
Eduardo Palomar Baró Abril de 2006
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El 12 de octubre de 1934 las unidades militares enviadas por el Gobierno de la República se aprestaban a sofocar la huelga revolucionaria desatada en Asturias por el PSOE y la UGT. Una de las columnas militares, compuesta por moros, legionarios y otras fuerzas del Ejército, tenía entre sus mandos a un capitán de trayectoria africanista, de guarnición en León, que respondía al nombre de Juan Rodríguez Lozano. Era el abuelo paterno del actual secretario general del PSOE y presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero.
Zapatero terminó su discurso de investidura como presidente del Gobierno con una cita del testamento de su abuelo, fusilado en 1936 por mantenerse fiel a la República ante el golpe militar: "Un ansia infinita de paz, el amor al bien y el mejoramiento social de los humildes". Más recientemente, Zapatero ha recordado a su abuelo en un libro que ha prologado sobre los españoles que fueron deportados a Mathausen, diciendo que el capitán Lozano murió "defendiendo los valores de la democracia en la Guerra Civil española". Lo curioso es que estuvo a punto de morir por la misma causa, defendiendo la democracia representada por un Gobierno de la derecha, al ir a sofocar la revuelta organizada por el PSOE en 1934.
La hoja de servicios del capitán Lozano que se guarda en el Archivo Militar de Segovia habla de esta historia desconocida, muy distinta a la que el presidente Zapatero ha referido siempre. Zapatero nunca ha contado que su abuelo participó en la represión contra los mineros asturianos, dirigida por el general Francisco Franco, incluso escapó con vida de un fuerte tiroteo contra los insurrectos izquierdistas. Este hecho, sin duda alguna, pudo haber marcado de forma muy diferente el devenir político de su nieto, que siempre ha sentido el fusilamiento de su abuelo por los franquistas como el origen de su posición política.
Nacido el 28 de julio de 1893 en la localidad pacense de Alange, Juan era hijo de un teniente de infantería, Sebastián Rodríguez. En 1913 entró en la Academia de Infantería de Toledo, y seis años después marchó al norte de África, donde combatió contra los rifeños, teniendo entre sus mandos nada menos que al general Sanjurjo, que luego jugaría un papel muy importante en la sublevación del 36. Lozano consigue en África la Cruz del Mérito Militar por su actuación contra los moros. En 1923 es nombrado capitán y regresa a la Península, primero a Lérida y luego a León. En esta última ciudad se encuadra en el Regimiento de Infantería Burgos nº 36.
Es con este mismo regimiento que participará en la represión contra los mineros asturianos, levantados en armas el 5 de octubre de 1934 a consecuencia de la huelga revolucionaria planeada por el PSOE y la UGT. El capitán Lozano sale de León hacia Asturias el 12 de octubre, según su hoja de servicios, como ayudante del coronel jefe de su regimiento, llamado Vicente La Fuente Valeztena. para reforzar el avance de las fuerzas del Ejército por el sur de Asturias, en la que marchan también regulares y legionarios.

La columna en la que va el capitán Lozano consigue entrar el mismo día 12 en Campomanes, "asistiendo a los reconocimientos que se verifican sobre los Montes que ocupan los rebeldes", según describe textualmente su hoja de servicios. Dos días después, el 14, Lozano participa en la toma de Ronzón, y es allí donde está a punto de perder la vida, según cuenta su hoja de servicios, ya que cuando va a entrar en el pueblo es "intensamente tiroteado" por los mineros.
El capitán Lozano permanece en Vega del Rey hasta el día 18, en que los insurrectos deciden entregar las armas en toda Asturias. Con el fin de la lucha armada, la columna del capitán Lozano entra en Pola de Lena y Ujo. El día 19 llega a Mieres, localidad de la que es nombrado gobernador militar el coronel La Fuente Valeztena, con el capitán Lozano como ayudante, que participa con él en las "inspecciones que realiza a los pueblos de aquella zona", según la citada hoja de servicios. Lozano permanece en Mieres hasta el 31 de octubre. Ese día regresa a León, para, casi un mes después, pasar a la reserva en situación de "disponible forzoso", condición en la que sigue el 2 de abril de 1935, última fecha consignada en su hoja de servicios.
Este documento viene a demostrar, por tanto, que el capitán Lozano mantuvo su lealtad a la República bajo un Gobierno de derechas durante la Revolución de Asturias, como hizo después bajo un Gobierno de izquierdas en 1936. Esta lealtad le costó finalmente la vida, pero su particularidad es que también pudo perder la vida dos años antes, bajo las balas de los mineros izquierdistas, cuando fue a sofocar la revolución emprendida por el mismo partido del que su nieto es hoy secretario general.
"Intensamente tiroteado" por los mineros
La hoja de servicios del capitán Juan Rodríguez Lozano relata así su actuación contra los mineros asturianos:

"En 15 de septiembre marchó por ferrocarril con su Coronel Don Vicente La Fuente Valeztena a Astorga asistiendo con el Regimiento a las Maniobras que tuvieron lugar en los Montes de León terminadas las cuales en 3 de octubre regresó en igual forma a su guarnición. En 5 de octubre y con motivo del movimiento revolucionario estallado en las provincias de Asturias y León se hizo su Coronel cargo de la Comandancia Militar de la Plaza y quedó a las inmediaciones de dicho Jefe de servicio en la misma hasta el día 12 que acompañando al citado Jefe marchó a Campomanes (Asturias) asistiendo a los reconocimientos que se verifican sobre los Montes que ocupan los reberdes (sic), el 14 auxilia al citado Jefe en el reconocimiento sobre el poblado de Rouzón (sic) siendo intensamente tiroteado el grupo de reconocimiento y quedando en el pueblo de Vega del Rey hasta el día 18 que a las Órdenes del citado Coronel que manda la Columna Centro toma parte en la operación que da por resultado la ocupación de Pola de Lena y Ujo pernoctando en este último punto y continuando al día siguiente a Mieres donde el tan repetido Jefe se hace cargo de la Comandancia Militar auxiliándole en su carácter de ayudante en las inspecciones que realiza a los pueblos de aquella zona, donde permanece hasta el 31 de octubre que regresa a su guarnición".
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